jueves, 29 de abril de 2010

Serenidad te pido






Apesandumbrada y solitaria
serenidad te pido...mi alma.
La alma ésta mía que
marchita, como última rosa en el jardín olía,
apagada, como estrella en el cielo guiaba,
pesada, como de agua cien mil gotas frías,
dolida, como si con flecha hubiera sido cogida,
engañada, como si viviera todos los días
y se muriera una vez en la vida.
Y es que la alma ésta mía
no entiende, que sin esencia ni armonía,
serenidad aún le pida.
Tú, mi alma, serénate
que ya te guían,
apura y siente la muerte
como si te dieran la vida.

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